Con los pies sobre la tierra
Recuerdo mis tardes de tristeza cuando levantaba el periódico para ver las goleadas Vinotinto. Yo aterrizaba del Colegio y a eso de las seis o siete mi papá llegaba a casa con la prensa del día. En una esquina del inmenso papel un despacho cablegráfico, miserable en contenido, mezquino, precario en detalles, daba cuenta de la humillación en algún rincón del continente.
Luego tuve la oportunidad de oírlas por radio e imaginar que aquello, aunque derrota, había sido una batalla de proporciones épicas y que al final, con el coraje de los héroes que se saben destinados a morir, aquellos guerreros vinotinto habían sucumbido ante la feroz bestia con la frente en alto, aunque ésta estuviese vestida de amarillo, celeste, azul o rojo. La radio es mágica, me dice siempre una gran amiga. Mi imaginación era libre.
Después la TV me puso los pies sobre la tierra y pude ser testigo de las fallas, de las falencias, pero también del amor propio; quizá esto me permitió darme cuenta de todo y al menos comenzar a sentir vergüenza para evaluar la realidad. Creo que a todos les pasó eso, y del “en vivo y directo” del primer choque se pasaba siempre al diferido de las 12 de la noche. Eso tenía que representar algo.
Por allá en esos tiempos de goleadas un jugador hizo un juramento que, cosa rara en este país dado a los olvidos y las excusas, cumplió. La lucha por darle a Venezuela una selección competitiva empezó en un 11 a 0, en un 7 a 1, allá cuando los jugadores dormían en catres, literas y de a seis por habitación sencilla; cuando el menú de pollo guisadito con macarrón era un lujo y ponerle queso rayado era toda una excepción.
Hoy la Vinotinto estoy seguro que tiene el mismo espíritu de aquellos hombres de barro, huestes convertidas por la miseria dirigencial en carne de cañón. Hoy la Vinotinto es el reflejo de una lucha sostenida y casi eterna contra la incredulidad y la apatía, una lucha que se dio desde siempre. Lo bueno es que las cosas cambian. Hoy no me siento solo, sé que no lo estoy y que mi hijo no tendrá que sufrir lo que yo sufrí. Esos 11 amigos que saltan a la cancha tampoco están a la deriva.
Tomó sus años llegar acá. Mucha gente no sabe lo que significa estar hoy con 7 puntos, muy lejos del Mundial todavía, pero con la certeza de que se está luchando como siempre se había luchado, pero que finalmente se están dando las cosas como nunca se habían dado. Hay que poner los pies sobre la tierra. La euforia no debe cegar a los que siempre hemos esperado este momento y tampoco nublar el juicio de quienes creen que esto es producto de una bendición divina o del milagro instantáneo de un solo hombre. Esto es un ejemplo de constancia, de que el trabajo sostenido sí otorga sus recompensas.
Unos dicen que el país de los vivos ahora sí se pegó a la Vinotinto porque gana. La verdad es que ese debate de fondo poco me importa, no me corresponde a mi adentrarme en las profundidades del alma de nadie. ¡Guácala….! Cada quien vive su realidad en la dimensión que le toca vivirla y al amparo de su moral, de sus valores, de sus creencias y de las historias que sean capaces de contarse a si mismos cada mañana cuando se ven al espejo sin ruborizarse o desviar la mirada para no sentir vergüenza. Además el acto de redimirse es un gesto tan humano que no debe avergonzar a nadie. Si hoy eres Vinotinto, te abrazo para que compartas con los angustiados de siempre la fuerza de un verdadero sentimiento. Quizá eso es lo que pasa con tanto delirio de millones, hay que aceptarlo y vivirlo.
Mi historia vinotinto la he vivido con la frente en alto, con lágrimas de arrechera en los ojos, cargado de despechos, de frustraciones, de alegrías efímeras que me gustaba eternizar en el Betamax (1). Pura ilusión, pero me mantuve ahí, firme, con los pies sobre la tierra y hoy las lágrimas son de felicidad, de esperanza y de sublime ilusión, esa misma que tenía cuando a los 10 años, en pleno Mundial de Argentina 78, le pregunté a mi papá por cual equipo íbamos al ver el frenesí de mis compañeritos compatriotas por la albiceleste y él me dijo, “por ninguno porque no está Venezuela”. Fue entonces cuando empecé a soñar mi mundo en color Vinotinto y hoy, gracias a esto, mantengo los pies firmes sobre la tierra.
Hans Graf B www.blogvinotinto.com
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(1) BETAMAX: antiguo aparato de reproducción de video que se utilizaba para grabar programas desde la TV y que luego podia ser visto en bajisima calidad y no por siempre porque la cinta se echaba a perder
Luego tuve la oportunidad de oírlas por radio e imaginar que aquello, aunque derrota, había sido una batalla de proporciones épicas y que al final, con el coraje de los héroes que se saben destinados a morir, aquellos guerreros vinotinto habían sucumbido ante la feroz bestia con la frente en alto, aunque ésta estuviese vestida de amarillo, celeste, azul o rojo. La radio es mágica, me dice siempre una gran amiga. Mi imaginación era libre.
Después la TV me puso los pies sobre la tierra y pude ser testigo de las fallas, de las falencias, pero también del amor propio; quizá esto me permitió darme cuenta de todo y al menos comenzar a sentir vergüenza para evaluar la realidad. Creo que a todos les pasó eso, y del “en vivo y directo” del primer choque se pasaba siempre al diferido de las 12 de la noche. Eso tenía que representar algo.
Por allá en esos tiempos de goleadas un jugador hizo un juramento que, cosa rara en este país dado a los olvidos y las excusas, cumplió. La lucha por darle a Venezuela una selección competitiva empezó en un 11 a 0, en un 7 a 1, allá cuando los jugadores dormían en catres, literas y de a seis por habitación sencilla; cuando el menú de pollo guisadito con macarrón era un lujo y ponerle queso rayado era toda una excepción.
Hoy la Vinotinto estoy seguro que tiene el mismo espíritu de aquellos hombres de barro, huestes convertidas por la miseria dirigencial en carne de cañón. Hoy la Vinotinto es el reflejo de una lucha sostenida y casi eterna contra la incredulidad y la apatía, una lucha que se dio desde siempre. Lo bueno es que las cosas cambian. Hoy no me siento solo, sé que no lo estoy y que mi hijo no tendrá que sufrir lo que yo sufrí. Esos 11 amigos que saltan a la cancha tampoco están a la deriva.
Tomó sus años llegar acá. Mucha gente no sabe lo que significa estar hoy con 7 puntos, muy lejos del Mundial todavía, pero con la certeza de que se está luchando como siempre se había luchado, pero que finalmente se están dando las cosas como nunca se habían dado. Hay que poner los pies sobre la tierra. La euforia no debe cegar a los que siempre hemos esperado este momento y tampoco nublar el juicio de quienes creen que esto es producto de una bendición divina o del milagro instantáneo de un solo hombre. Esto es un ejemplo de constancia, de que el trabajo sostenido sí otorga sus recompensas.
Unos dicen que el país de los vivos ahora sí se pegó a la Vinotinto porque gana. La verdad es que ese debate de fondo poco me importa, no me corresponde a mi adentrarme en las profundidades del alma de nadie. ¡Guácala….! Cada quien vive su realidad en la dimensión que le toca vivirla y al amparo de su moral, de sus valores, de sus creencias y de las historias que sean capaces de contarse a si mismos cada mañana cuando se ven al espejo sin ruborizarse o desviar la mirada para no sentir vergüenza. Además el acto de redimirse es un gesto tan humano que no debe avergonzar a nadie. Si hoy eres Vinotinto, te abrazo para que compartas con los angustiados de siempre la fuerza de un verdadero sentimiento. Quizá eso es lo que pasa con tanto delirio de millones, hay que aceptarlo y vivirlo.
Mi historia vinotinto la he vivido con la frente en alto, con lágrimas de arrechera en los ojos, cargado de despechos, de frustraciones, de alegrías efímeras que me gustaba eternizar en el Betamax (1). Pura ilusión, pero me mantuve ahí, firme, con los pies sobre la tierra y hoy las lágrimas son de felicidad, de esperanza y de sublime ilusión, esa misma que tenía cuando a los 10 años, en pleno Mundial de Argentina 78, le pregunté a mi papá por cual equipo íbamos al ver el frenesí de mis compañeritos compatriotas por la albiceleste y él me dijo, “por ninguno porque no está Venezuela”. Fue entonces cuando empecé a soñar mi mundo en color Vinotinto y hoy, gracias a esto, mantengo los pies firmes sobre la tierra.
Hans Graf B www.blogvinotinto.com
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(1) BETAMAX: antiguo aparato de reproducción de video que se utilizaba para grabar programas desde la TV y que luego podia ser visto en bajisima calidad y no por siempre porque la cinta se echaba a perder
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