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Hugo, ¿por qué no te callas?

El mexicano Sánchez parece haber olvidado su origen. Parece no tomar en cuenta de que está hecha la existencia de quienes juegan al fútbol. Da rabia, no menos, ver que la gente del fútbol se comporte así, pero es que en el fondo ese es el idioma del deporte rey, al menos en los estratos inferiores de ese maravilloso mundo. Sí, el balompié esta dividido en estratos, algunos bien definidos y otros muy difusos y que se confunden con el inmediatamente superior o el inmediatamente inferior. Una vez señalé en una entrevista que el fútbol para mi, en frío, es la expresión de todo lo maravilloso que es capaz de hacer el hombre, pero también de todo lo perverso. Aquí, en ese último cuadrante, en ese estrato, encaja Hugo, pero sorpresivamente, porque eso es el fútbol, lo hace en los cuadrantes de lo maravilloso, de lo sublime, de lo supremo. Así es el fútbol.

Hugo, dicen sus colegas y paisanos, pues no lo conozco personalmente, no es una persona de fácil manejo. Imagino él sabe, cosa que al parecer olvidó, lo difícil que es lidiar con el desprecio, con la etiqueta, con la marca que le debieron imponer cuando estaba anidando sus goles lejos de casa en canchas de Europa. Pinche frijolero, se me antoja, por decir lo menos, puede haber sido un calificativo que el eterno Pichichi escucho más de una vez. Ni hablar de otros miles de adjetivos propicios para cada ocasión en la cual se pretende restar méritos a quien los tienes o procurar escalar a base de humillar a otros. Hugo sabe de eso, pues muchos, a base de esa palabra punzante, trataron de hacer mella en una carrera dentro de las canchas que no tiene reproches. Al parecer fuera de la cancha el astro de los mexicanos no funciona en la misma dimensión. Esta unos cuantos estratos más abajo.

¿El resentimiento?, ¿la falta de atención?, ¿la necesidad de conseguir meterse en el epicentro de algo?, ¿hacerse notar?, ¿o simple imbecilidad?. No sé que llamó a Hugo a hablar así de la selección de Venezuela, pero al parecer habla así de cuanta cuestión se le ocurre, por eso quizá ni valga la pena preocuparse, aunque el mero hecho de escribir esto, que ya se pone largo, es una preocupación.

 Desde que estoy siguiendo a la vinotinto como venezolano y como profesional, me he topado con centenares de Hugos Sanchez. Esos de la palabra ligera, del calificativo caprichoso, de la mediocridad incrustada en su genoma, de bobismo cotidiano sin reflexión, del verbo desprendido de todo análisis. Usted nombre: amigos, jefes de redacción, editores, reporteros, colegas, vecinos, novias, familiares, etc etc, los Hugos Sánchez vienen y van en la vida y en la Vinotinto, y los que la aman (Vida y Vinotinto), van a tener que aprender a lidiar con eso.

 Lo que si puede estar seguro Hugo Sánchez es que como siempre, en cada mundial, me voy a sentir muy triste por México, por las razones que todos sus compatriotas y él mismo ya conocen. Luego, luego, para que no digan que fue sin querer queriendo.

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