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Periodista juventud...

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Quizá si paso un año entero con ellos no me lleguen a tratar tan bien como lo hicieron, quizá se aburran y descubran que uno no es más que otra persona que tiene los mismos sueños y anhelos por un país mejor, por un mundo mejor, y que comete tantos errores en la vida como cualquiera,  no lo sé, nunca lo sabremos. Más allá de esto,  haber compartido el día viernes 13 con un grupo de 20 estudiantes de Comunicación Social que aspiran a ser periodistas deportivos fue genial. Sencillamente no me puedo cansar de esa dosis de vida que te da el pisar una universidad.

Hablar con ellos le da energía a cualquiera que sepa entender la juventud como el paso hermoso hacia el inicio de los grandes sueños, de las grandes ideas, de los proyectos para llevarnos al infinito, sin barreras por delante, al más allá como el amigo Buzz Lightyear que pese a su desengaño supo mantener viva su ilusión.

No hay que idealizar la juventud como el paraíso divino donde la humanidad encuentra consuelo, porque también vienen los choques, los engaños, los desamores, las frustraciones ante las cosas que parece que nunca van a cambiar. Pero para eso, repito, tienen la energía propia de su etapa en la vida, esa de la cual me robe un poquito porque aunque soy joven, pues apenas tengo 43 años, a ratos se me acaban las energías y debo buscarlas en los ojos, en los rostros y en las mentes de la joven generación, esa del twitt apresurado, del Facebook repleto de imágenes y comentarios y de la mirada puesta en un horizonte tan incierto como prometedor.

Cuando uno avanza en la vida a veces siente que se te acaban las fuerzas, que no vale la pena hacer o decir ciertas cosas o que las peleas, si no se está seguro de ganarlas, pues no vale la pena ni asumirlas para correr el riesgo de salir triunfante o perder. Usamos mucho las balanzas cuando crecemos. Nos encerramos y sólo nos importa nuestro micro entorno. En esos momentos, que sabroso es pasar unas dos horas hablando con gente que tiene los sueños, las ideas, los anhelos fresquitos, la ingenuidad, no digamos intacta, pero si aprueba de todo, y una voluntad por comerse el mundo. Si uno es capaz de ver más allá del ocasional bostezo o de la leve distracción con el BB, todavía hay un mundo de opciones para este país y para el periodismo deportivo.

Yo les dije a los muchachos que no es buena la paga, pero eso también forma parte de los encantos de la juventud, que los cheques dejan de ser tan relevantes ante la imperiosa necesidad se salir a gritarle a todos que si pueden, que si tienen talento y que si se son capaces de hacer cosas mejores y nuevas. Ya el dinero, como me dicen siempre, vendrá de a poco por todo esto del universo y el equilibrio y esas cosas que no entiendo muy bien aunque mi esposa se empeña en explicarme como si yo todavía tuviese 20 años. Al final me va bien.

Se que hablé mucho de fútbol en la charla, eso me apasionan, pero por eso les digo que no hay nada mejor que hacer y trabajar en algo que los apasione y eso quizá va para todos los que lean esta nota y no solo para esos 20 jóvenes de la Universidad Católica y su profesora carlota Fuenmayor que tuvieron a bien recibirme en su clase para conversar de periodismo, de futbol y de algunas otras cosas más.

Espero encontrarlos en las canchas, ahí donde la selección, esa que cada vez se gana más el corazón de la gente, escribe historias maravillosas para que estos jóvenes del periodismo deportivo las cuenten con la honestidad intelectual y con las frescura que sus mentes tienen. Ya luego cuando crezcan tendrán la oportunidad de regresar una buena tarde a su Universidad para darse una dosis de energía como la que tomé. 


¡Gracias!

Hans Graf B @hansgrafbogran


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